Me gano la vida pintando a los muertos, pero nunca imaginé que uno de ellos pudiera cambiar la mía. Yan Heting me contrata para terminar el retrato de su esposa, fallecida dos años atrás.
Bajo el carbón descubro unas manos que tiemblan y una verdad que nadie quiso mirar. Mientras intento averiguar qué le ocurrió, también descubro al hombre que fue incapaz de verla en vida... y que ahora empieza a mirarme a mí.
Pero en la residencia Yan hay puertas cerradas, silencios demasiado antiguos y unas glicinias que todavía guardan memoria.
Creí que solo debía terminar su retrato. Hasta que descubrí lo que escondía.